Pasaron las semanas, pero aquella conversación seguía resonando en sus mentes y corazones.

—¿Cómo puede ser que a los dos nos guste la misma canción?

Eso le inquietaba, aunque de una forma positiva.

Shin-hyuk no dejaba de pensar:

—¿Y cuando salvó mi portátil? ¿Cómo consiguió reaccionar tan rápido?

—Pero lo más sorprendente es su voz… ¡qué voz!

—¿Y si la invito a cantar conmigo?

—Jeje… cálmate, chico.

—¿Debería llamarla?… Hmm… mejor no… quizá más adelante.

—Qué encuentro tan inusual, ¿no? —pensó Ha-ri—. Pero ¿cómo fui capaz de hacer aquello? Jeje… solo de pensarlo ya siento la adrenalina.

—Estaba tan alterada que olvidé pedirle su contacto… ¿pero de qué serviría? Si le llamara después de un primer encuentro, podría resultar raro… o no… no sé.

—Qué más da, si él tampoco ha llamado.

—Es muy probable que ni siquiera se acuerde de mí.

—Además, puede que solo fuera amable o que estuviera agradecido por haber salvado su portátil.

Sus pensamientos resonaban en la silenciosa biblioteca.


—Ha-ri, deja de pensar en esas cosas y ponte a estudiar —dijo en voz alta.

Cuando se dio cuenta, todos en la biblioteca la estaban mirando.

—¡Qué vergüenza! —susurró mientras salía corriendo con todos sus materiales, que había recogido deprisa y ya estaban a punto de caerse.

—Ufa… casi me atrapa la bibliotecaria.


—No es algo que ocurra todos los días —pensaron al unísono.

Cada uno, por su lado, añadió la misma idea:

—Si cuento esto, nadie me va a creer… parece una escena de dorama.


Aun así, todavía no se habían dado cuenta de que se gustaban. Mientras tanto, seguían resonando los ecos de aquel encuentro.