Caprichos del Destino

4 El destino ya no espera


Después del culto, Ha-ri había recibido un folleto sobre un proyecto de asistencia social, pero lo había olvidado. Mientras ordenaba sus cosas, lo vio y decidió ir a conocerlo. Al llegar, se encontró de frente con Hyuk.

—Ah, no me lo puedo creer… o me estás siguiendo, o el destino nos está gastando una broma y nosotros somos los protagonistas… y, si somos los protagonistas, exijo un guion mejor, ¿vale?

—Con no ser la secundaria, ya me conformo.

De repente, unos niños la agarraron:

—¡Señorita guapa, vamos a jugar!

Mientras tanto, a él lo rodeó un grupo de personas mayores.

Hyuk se quedó mirándola, admirado, al verla jugar con los niños en una especie de desfile de moda improvisado. Por su parte, ella lo observaba con la misma admiración al verlo conversar con los mayores.

Tras varios intentos fallidos, él consigue acercarse.

—Oye, cuéntame, ¿por qué Madrid?

—Porque, además de ser muy bonita, es un buen lugar para estudiar Hostelería. Ah, y así puedo practicar mi español.

—¡Qué lista eres! Hasta me da orgullo —finge lágrimas dramáticas—. Crecen tan rápido…

—Jeje, qué tonto... ¿y tú? ¿Por qué elegiste Madrid?

—Estoy ampliando horizontes, aprovechando para relajarme y repartir mi belleza.

—Jajaja, buena… ¿y lo estás consiguiendo?

—¡Y tanto! Estoy tan relajado que parezco ropa vieja.

Los dos se rieron a carcajadas.

—¡Señorita guapa, vamos a jugar! —dijo una niña, tirando de ella.

—Allá vamos otra vez —le dijo Ha-ri a Hyuk mientras era arrastrada por la niña.

Él no pudo evitar reírse solo al ver la escena.

—Vaya… creo que me estoy volviendo loco… pero tampoco es ninguna novedad…

En ese momento, un chico se acercó y lo sacó de sus pensamientos.

—Kim Shin-hyuk, tengo una canción nueva, ¿podrías ayudarme?

—Ah, claro.

El chico empezó a cantar, pero él lo interrumpió al ver que Ha-ri se estaba preparando para irse.

—¿Ya te vas?

—Sí, el tiempo ha pasado tan rápido que ni me he dado cuenta.

—Sí, suelo causar ese efecto en la gente.

—Sin duda, jeje… Ha sido un placer volver a encontrarte.

—El placer es mío. ¿Qué te parece si quedamos un día? — añadió, casi sin aliento.

—¡Me parece una idea excelente!

—¿Ya has salido a conocer España?

—Todavía no.

—¿Cómo que no? Eso hay que solucionarlo. ¿Qué te parece este sábado a las siete de la mañana?

—Perfecto para mí.

—Genial… aunque, si no hubieras aceptado, habría fingido que no había pasado nada.

—¡Bien hecho!

—Pero prepárate para vivir la mejor experiencia de tu vida… y, entre nosotros, con el mejor guía de todos.

—Creando expectativas en 3, 2, 1…

—Eh, no me hago responsable… si después de este paseo no quieres volver a verme, fingimos que nunca nos conocimos.

—¡Trato hecho!… Bueno, la charla está genial, pero tengo que irme.

—¿Ya? ¡Tan pronto! Sabía que tarde o temprano saldrías corriendo… provoco ese efecto en la gente.

—Jeje, no te preocupes… esta vez no ha sido culpa tuya… pero quién sabe la próxima.

—No lo dudo en absoluto…

Ella se despide con un leve gesto de la mano y una sonrisa.