Caprichos del Destino
2 Cuando el destino insiste
Pasaron los días…
Era sábado por la mañana y, coincidentemente, Ha-ri y Shin-hyuk estaban en la misma cafetería.
Mientras estudiaba, Ha-ri observó que el mesero estaba a punto de resbalar en el suelo mojado. Y peor aún… llevaba una bebida que podría terminar derramándose sobre la computadora portátil de Shin-hyuk. Entonces ella se adelanta y, de pronto, toma el ordenador.
—¡Cuidado! —dijo ella, en tono de advertencia y desesperación, al retirar la computadora de la mesa.
Él parpadeó sorprendido y luego sonrió.
—Vaya… no sabía que estabas entrenando para ser Flash… Ahora eres oficialmente mi heroína.
—Jeje, no fue nada.
Ambos terminan riendo juntos.
—Pero, cambiando de tema, sabía que te conocía.
—No pensé que te acordarías de mí.
—Claro… hay personas que nacieron para ser recordadas… y parece que tú eres una de ellas —dijo él con una leve sonrisa.
Ella se sonroja.
—Mucho gusto, Min Ha-ri.
—El gusto es todo tuyo… digo, todo mío… Kim Shin-hyuk.
—No esperaba encontrarte aquí, en Madrid —dijo en tono de sorpresa y alivio.
—La verdad, yo tampoco. Es muy bueno tener a alguien conocido cerca.
—Sí, es un poco solitario aquí. A veces me siento desplazada.
Él la mira con una expresión acogedora.
—Pero esta no es la primera vez que nos encontramos —dijo ella, cambiando el tema.
—¿No? —preguntó él, sorprendido.
—Nos encontramos… te vi en la iglesia. Estabas cantando. Incluso recuerdo la canción —ella comienza a cantar:
“Y tenerte cara a cara, perderme en tu mirada.
Sentir que ya no hay prisa si me enamora el alma
y amarte en el silencio, llorar sin decir nada.
Sentirme como un niño cuando tú me abrazas…”
Él la observaba con sorpresa y admiración.
—Además de heroína, ¿también eres cantante? Esto se está volviendo sospechoso… ¿estás intentando impresionarme o es algo natural? ¡Y qué buena memoria!
—Jeje, ¡gracias! Es mi canción favorita.
—Además de todo, tienes buen gusto.
—Jeje, gracias, se nota que tú también.
—Eso es un hecho más que comprobado.
Suena la alarma.
Era hora de que Hyuk fuera a un compromiso.
—Entonces… tengo que irme… Quién sabe, tal vez nos volvamos a cruzar por ahí… Solo espero que esta vez mi portátil no esté en peligro.
Ambos se ríen.
—Sería mejor que guardes mi contacto, por si necesitas que te salve otra vez. O no podré ayudarte —hizo una pausa dramática—. Aún no tengo mi batiseñal.
—Calma, chica… primero invítame a cenar.
Ella le toma el móvil, escribe rápidamente y se lo devuelve.
—Listo.
Él lo mira y comprueba si todo está correcto.
—Perfecto.
Se lo guarda.
—Hasta luego.
—Hasta luego.
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