Hermione y el Hechizo Equivocado

1 Hermione y el Hechizo Equivocado


Era una tarde tranquila en la escuela de magia más famosa del mundo, y Hermione Granger, la estudiante más aplicada de Hogwarts, estaba como siempre rodeada de libros en su cama. Sin embargo, uno en particular llamaba su atención: el antiguo Libro de Hechizos Avanzados Vol. II.

— Este no... este tampoco... ¡Uf! Como si necesitara aprender esto. Es todo tan obvio — murmuraba mientras pasaba las páginas con confianza. — ¡Aquí está! Un hechizo para comunicarse telepáticamente. Me va a facilitar la vida en las clases... digo, en emergencias.

Se levantó emocionada, se colocó frente al espejo y, sin pensarlo mucho, pronunció:

— ¡ATIO!

En ese momento, sintió un pequeño pinchazo en la cabeza. Un escalofrío en la espalda. Pero nada que la detuviera.

— Qué raro... — murmuró.

Pero algo no andaba bien. Muy mal, de hecho.

— ¿Qué es esto? ¿Qué acabo de decir? — preguntó, abriendo los ojos como platos.

Hermione se cubrió la boca con la mano. Intentó concentrarse, intentó hablar en inglés. Pero todo lo que salía era español. Español puro, fluido y... incomprensible incluso para ella misma.


— ¡No entiendo nada! ¿Por qué estoy hablando así?

Desesperada, salió corriendo por los pasillos hasta la sala común. Encontró a Harry y Ron jugando ajedrez mágico.

— ¡Hola! ¡Escuchen! Algo me pasó… ¡No puedo hablar inglés!

Ron frunció el ceño.

— Harry, ¿nos está insultando?

— Creo que no... Suena a español.

— ¿Español? Hermione, ¿estás bien?

— ¡Estoy atrapada en un hechizo! ¡Lancé el hechizo equivocado!

Hermione gesticulaba, señalaba su cabeza, imitaba leer un libro, hacía movimientos con su varita. Harry y Ron la miraban como si estuvieran viendo una obra de teatro muda.

Más tarde, en el desayuno, la situación fue aún más confusa:

— ¿Puedo tener un poco de avena, por favor?

Neville Longbottom escupió el jugo.

— ¿"Avená"? ¿Eso es un nuevo conjuro?

En clase de Pociones, Hermione leyó en voz alta:

— Hoy aprenderemos a preparar una poción calmante.

Snape se detuvo en seco.

— Señorita Granger... ¿Acaso está intentando reemplazarme?

Para ese momento, el caos ya estaba instalado. Nadie entendía a Hermione, y ella tampoco entendía lo que decía. Estaba atrapada en su propio hechizo.

Harry y Ron, tras horas de investigación, encontraron en el pie de página del libro una advertencia diminuta:

> "Atención: la pronunciación correcta es ‘Atíoh’, con entonación precisa en las vocales. De lo contrario, el hechizo puede causar inversión lingüística permanente."

— Perfecto — dijo Ron. — Un hechizo que te convierte en una guía turística viviente.

Sin soluciones a la vista, Harry tuvo una idea arriesgada: usar el giratiempo experimental que Dumbledore teóricamente guardaba bajo llave. Lo activaron y abrieron un portal dimensional, con la esperanza de encontrar... a alguien, cualquiera, que pudiera ayudar.

Lo que salió del portal fue, sin duda, inesperado.


— ¡Bazinga! — exclamó un hombre alto con una camiseta roja estampada con un rayo amarillo. — ¿Dónde estoy? Parece un castillo medieval con una estética educativa. Interesante.

— ¿Sheldon? — dijo Harry, atónito. — ¿Sheldon Cooper?

Sheldon observó a Hermione con atención y comentó con naturalidad:

— Ha sufrido una inversión neuroverbal mágica. Está produciendo español fluido sin haberlo aprendido. Fascinante. ¿Tienen un espejo, una cuchara de plata, mantequilla de maní y un diccionario de latín vulgar?

— ¿Vas a hacer un ritual con eso? — preguntó Ron.

— No. Voy a aplicar ciencia. Bueno, magia aplicada a la física lingüística. Es casi lo mismo.

Con los objetos reunidos, Sheldon dibujó una ecuación en el suelo, pronunció el hechizo con precisión, como un robot lingüístico entrenado:

— Atíoh. La entonación lo es todo.

Hermione carraspeó. Dudó.

— Yo... ¡he vuelto! ¡Gracias a Merlín!

Saltó de alegría y abrazó a Sheldon, quien inmediatamente se apartó.

— Contacto físico no solicitado... pero comprendo tu gratitud.

Sheldon miró el portal, dio dos pasos y, antes de desaparecer, dijo:

— Por cierto, si necesitan ayuda con teletransportación o universos paralelos, mi agenda está libre los martes.

Hermione recuperó el habla en inglés. Aunque durante días, algunas palabras en español se le escapaban sin querer. Ron empezó a llamarla “Hermionita”. Harry, por su parte, escribió con tinta permanente en el Libro de Hechizos:

> “LEE LAS LETRAS PEQUEÑAS.”

Y como diría cualquier mago sensato — o cualquier nerd del universo —, a veces, el remedio para un loco... es otro loco.


Este é o último capítulo disponível... por enquanto! A história ainda não acabou.